4.970 km, en ecoeficiencia por el neuroblastoma y un viaje que sigue creciendo
En septiembre de 2025 emprendí un viaje que, en realidad, no era sólo un viaje. Era una necesidad. Una de esas que no se explican del todo, pero que te empujan a salir, a rodar, a buscar algo que sabes que no está en un destino concreto, sino en el camino. La idea inicial era sencilla: dar la vuelta a España en moto.
Pero el objetivo iba mucho más allá…
Un viaje con dos motores: Mario y el Neuroblastoma
Por un lado estaba Mario. Durante todo el viaje sentí que me acompañaba. En silencios, en recuerdos, en frases que volvían una y otra vez. Como aquella que decía que los linces de Doñana no se ven porque tienen superpoderes y se hacen invisibles.
Por eso decidí desviarme a Zaragoza en la «última» etapa. No podía terminar el viaje sin pasar por allí. Era una forma de cerrar un círculo que, en realidad, nunca se cierra del todo.
Pero había otro motor, igual de importante. El Neuroblastoma.
El objetivo también era dar visibilidad al neuroblastoma, una enfermedad infantil poco conocida que, precisamente por eso, no cuenta con el apoyo que sí reciben otras más mediáticas.
Un reto diferente: conducir mejor para ayudar más

Si iba a recorrer España, quería hacerlo de una forma distinta. Quería aportar algo. Y se me ocurrió una idea sencilla, pero exigente: hacer toda la ruta intentando consumir lo mínimo.
Much@s han dado la vuelta a España en moto. Cierto. Pero creo que nadie se había planteado hacerlo así: conducir mejor para consumir menos… y donar lo ahorrado por rebajar el consumo homologado.
La Yamaha Tricity 300 —cedida por el concesionario CP2Bike de Castellón— fue la compañera perfecta para este reto. Esta moto podía con todo. Era muy segura en cualquier tipo de asfalto y circunstancia meteorológica. Divertida. Bonita. Y muy eficiente. El resultado fue un consumo real de 2,77 L/100 km, medido en llenos de depósito. Su homologado 3,3 L/100 km.
No es sólo un dato técnico. Es una forma de viajar. Conducir eficiente no es ir despacio sin más.
Es anticipar, leer la carretera, adaptarse, fluir. Y en este caso, además, permitió algo importante:
rebajar el consumo homologado.
4.970 km de carreteras que sí cuentan

El viaje fueron finalmente 4.970 km en 11 días, aunque en 10 días habría sido suficiente para cubrir unos 4.600 km.
Pero este viaje no iba de optimizar tiempos, iba de recorrer. Siempre que podía evitaba autopistas.
Las carreteras nacionales y comarcales conectan algo más que lugares.
Así fui enlazando puntos que dejan huella:
- El castillo de Peñíscola
- El Hospital Sant Joan de Déu (Barcelona)
- La N-260 Transpirenaica
- La playa del Silencio, en Asturias
- Galicia, con el contraste entre el verde y las zonas quemadas
- Extremadura y sus toros
- Sevilla
- El viento de Tarifa
- Las calas de La Manga
- Ademuz
- Cuarte de Huerva…
…Cada recodo iba amenizado por el calor del veranillo de San Miguel, entre 32 a 42 grados. Cada tramo tenía algo que contar.
Cuando la eficiencia se convierte en solidaridad

El ahorro conseguido, gracias a la conducción eficiente, fue de 32 euros. Podría parecer poco, pero ese no era el objetivo real. La idea era lanzar un mensaje claro: cualquier conductor puede convertir su forma de conducir en una pequeña acción solidaria. Si muchas personas hicieran algo similar en su día a día, esos “granitos de arena” podrían convertirse en una ayuda real.
Y entonces ocurrió algo mejor. Hubo personas que decidieron ayudar sin más. Sin necesidad de replicar el reto. Simplemente por apoyar la causa.
A eso se sumó el impulso del Club Yamaha Tricity 300 Catalunya, que ayudó a dar visibilidad al proyecto y facilitó la venta de la moto utilizada en el viaje a uno de sus socios.
El resultado final superó con creces lo esperado:
-
500 € procedentes de la venta de la Yamaha, donados a la Fundación Española del Neuroblastoma
-
652 € en donaciones, incluyendo los 32 € generados por la conducción eficiente. También para la misma fundación.
En total, 1.152 € destinados a la causa
No es solo una cifra. Es la demostración de que una idea sencilla, cuando se comparte, puede crecer mucho más de lo que uno imagina.
Lo aprendido: eficiencia, constancia y propósito

Este viaje ha demostrado varias cosas.
Que la eficiencia no está reñida con disfrutar del camino.
Que una conducción consciente puede mantenerse durante miles de kilómetros.
Y que incluso un reto individual puede convertirse en algo colectivo cuando conecta con las personas adecuadas.
Pero, sobre todo, ha demostrado que hay otras formas de viajar… y otras formas de ayudar.
Esto no termina aquí

Cuando terminé el viaje, lo más curioso es que no sentí que hubiese terminado. Porque si algo quedó claro en estos 4.970 kilómetros es que el camino no se agota cuando llegas a casa. Solo cambia de escala.
Y ahí empezó a tomar forma una idea que ya no suena tan lejana:
Salir de España
Cruzar Europa
Llegar hasta el norte. Hasta donde dicen que vive Papá Noel.
Pero esta vez no solo. La próxima vez, si todo encaja, no será una Yamaha, sino dos. Dos Tricity 300 rodando hacia Finlandia.
Dos motos, dos personas, un mismo objetivo: seguir dando visibilidad al neuroblastoma y demostrar que otra forma de viajar —más consciente, más eficiente y más solidaria— es posible.
Porque hay viajes que empiezan cuando decides salir. Y otros, como este, que empiezan cuando crees que ya has terminado… y decides seguir.




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